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Memorias de un bachiller (condensada)

Primer semestre
Renovadas expectativas, alumnos por doquier y la esperanza vive en el aire. Siento una alta estima de mí mismo por haber obtenido unas de las mayores puntuaciones en el examen de admisión, un gran entusiasmo al ver desde el tercer piso una nueva oportunidad. La brisa y el viento me empapan, siento un gran futuro después de mi melancolía en años pasados. Subo escalón a escalón hasta el tercer piso al salón del rincón, ¿Qué me espera allá? Observo a mis compañeros con una seguridad no muy duradera pero suficiente para que crean en ella aquellos que me vean.                                                                                                            El día prosiguió y no encuentro lugar donde identificarme y no lo encontraré en todo el transcurso de preparatoria, sin embargo, me topo a Ricardo, un muchacho con buenas habilidades para la guitarra en sus géneros favoritos, rock, metal, heavy metal, él sería mi mejor amigo en aquel entonces.
Pasa la semana y las clases me parecen de lo más sencillo, ya me lo repetía mi padre una y otra vez:  
-Hijo, siempre se te ha facilitado la escuela, puedes ser todo aquello que te propongas, pero estás segado por ello.
Vaya que tenía razón, el punto que parecía ser mi fuerte, me destruyo.
Seguía con mi nuevo hobby, tocar guitarra, por ello estaba inscrito en la paraescolar de música de la escuela que resultó ser decepcionante. No aprendí nada ahí, sólo iba a ver muchachas y hablar con mis compañeros. Pero ninguna curva me enamoraba más que las de mi guitarra con flamas, me encantan.                                                     Así que siguieron los días y los profesores vieron en mí algo, no mi actitud. Sino un potencial intelectual, y me llamaron para hacer el examen de primera etapa de la olimpiada de matemáticas. Yo no estaba listo para ello, mis emociones y sentimientos me corrompían a diario y caía en crisis emocionales constantemente. No importo, seguí adelante y bajo una máscara de orgullo, me sentía fuerte por pasar a siguientes etapas del concurso, hasta que fui invitado a entrenar para dichas olimpiadas.

Segundo semestre
Fuera por lo que fuera, al final de éste semestre me otorgaron el bachiller modelo. ¿Por qué? Quizá por mis dibujos en un concurso, y la olimpiada de matemáticas.
Tal como es costumbre, el bachiller modelo es entregado en la explanada escolar, junto a nuestros padres y alumnos recién graduados. Los bachilleres modelos, en total son tres. Uno por 1-2 semestre, otro por 3-4 semestre y el último por 5-6 semestre.

Tercer semestre
Encontré la participación de varios concursos, llegué a etapas pre-nacionales por algunas razones.  Uno de ellos, me dio un pase a Ensenada.
¡Qué más!, asistí al viaje del CICESE, pero ella no. Allá me sentía libre, sin barreras para ser una nueva persona. Sueño que prevalecía desde mi infancia, me fascina conocer los rincones de universo, es deleitante. ¿Me imagine que estudiaría en aquel lugar paradisiaco la universidad? Me parecía lejano, y posible.
           Durante el resto de vacaciones, intente buscar paz y tranquilidad en mi interior, el esoterismo llamó mi atención, todo tipo de filosofías, cristiana, budista, satánica, etc. Me había definido, estoy harto de ser presionado a creer en algo en lo que nunca tuve fe. Adiós a mi catolicismo, seré un hombre sin religión. ¿Ateo? 

Cuarto semestre
Esta etapa fue hibrida. Comenzaba a surgir una semilla en mí, ciertamente nunca perdí esperanza en la humanidad. Mas, me volví débil. Y ahora, estaba recobrando fuerzas. Para ello, existió una trasmutación.
    Alonso, Lizeth, Sara y yo estábamos asistiendo a asesorías de varias materias para repartirnos varios concursos que se aproximaban, mis crisis emocionales detenían mi potencial. Aún tenía que lidiar con mi mente para poder liberar su poder.
Antes incluso de éstas asesorías, habíamos entrado nuevamente en olimpiada de matemáticas ¿Sentía que estaba listo? Claro que no. Pero, nunca actué cuando estuve listo, sino cuando debía hacerlo. Por lo tanto, siempre debía sentirme listo, por más mentira que fuera. Era un poco mejor en los entrenamientos de matemáticas del Cetys, a los que asistía ocasionalmente, ya podía controlar mejor mis emociones. Esta vez llegué un poco más lejos, ya podía ser catalogado como uno de los mejores matemáticos de México junto a Lizeth, y tuve la oportunidad de pasar un fin de semana con los matemáticos en Tijuana, conocí a algunos de los mejores de México. Sentía que tenía un reto adelante, no sabía por dónde empezar. Dado caso, allá me alojé en el hogar de un desconocido muy amable, con el cual tampoco me identifiqué y tampoco con ninguno de ellos, Luis, Axel, Héctor, Armando, Dax, Lulú, Eduardo, Alejandro y más. Todos ellos, con grandes potenciales.
          Sucedió, por segundo año consecutivo me otorgaron el bachiller modelo, ¿Lo merecía? Todos decían que sí. Mas, no estaba tan seguro. Es cierto que elevé el nivel de competencia en la escuela junto a otros grandes alumnos, participe en variedad de concursos, matemáticas, química, biología, física, oratoria, dibujo, ajedrez incluso llegue a ser selectivo en el paraescolar de baloncesto. No podía dejar de pensar en que: debo liberar mi potencial. ¿Si pude lograr eso usando apenas una fracción de todo mi poder? Podría incluso tener miedo de lo increíble que puedo ser y seré. ¿Arrogancia? No, está vez no.
Otra vez vacaciones, las aproveche para volver a buscar en mi interior. Por primera vez en mucho tiempo sentí felicidad gracias a la meditación y reflexión constante. La transmutación mental comienza a dar efecto significativo. Ya no huyo de esos demonios, uno a uno voy acabando con ellos.
El primero, fue vencido con un abrazo del perdón.
El segundo, fue derrotado al perder miedo.
El tercero, fue extirpado de su caparazón y salió huyendo.
El cuarto, fue sacado de su aislamiento y llevado para su conversión.
Creí haber enfrentado a todos mis demonios, de los cuales derivan muchos otros pequeños alfeñiques. No fue así, sin embargo, fue un gran paso hacia adelante. Por fin podía sentir felicidad de vez en cuando.
      Sentía una fuerza que emanaba de mi interior y quería poseerme, sin saber sus intenciones bloqueé ese llamado.

Quinto semestre
Con una mente en inicio de liberación llegué al penúltimo semestre. Otro viento de genialidad abundaba los pasillos, la presión cae sobre mis hombros para poder ser un ejemplo a seguir. Camino seguro y confiado, está vez es real.Pasan las semanas y entablo una amistad cada vez mayor con dos personas, Rut y Sebastian. Apenas recuerdo el momento en qué los conocí. Una gran señal, así comienzan las grandes amistades. Más y más tiempo paso con ellos, si alguien puede aconsejarme son ellos. Rut me escucha como nadie, y me dará un sopapo cada vez que lo amerite. Sebastian, confianza en él, sin igual.
    El tiempo me hacía pasear por la escuela, yo sabía que les gustaba a varias chicas, eso ya no me atraía. Recordaba años pasados donde desearía estar en mi posición actual. Hice caso omiso a la mujer, hasta que no pude evitarlo.
Está vez, no me emocionaba tanto por los concursos, me eran indiferentes, siempre habrá donde competir. Aun así, me seguían llegando oportunidades para concursar, tales que está vez fui más selectivo con mis actos.                                                                                 
Las vacaciones me ayudaron no para enfrentar a mis demonios si no para unificarlos. Ya no los veía como enemigos, sino como poderes en busca de ser domados. Acerqué a los demonios, y los hice míos. Me fortalecieron, ahora estoy en equilibrio.

Sexto semestre
No quería más contacto con ella, porque me encantaba estar con ella. Era inevitable, entro en mis pensamientos por más que lo trataba de impedir. Lo hice, la buscaba esporádicamente. Hasta que volví a hartarme de su rechazo y la mandé a la chingada. ¡Tonto! Pero al poco tiempo regreso, nos gustamos. ¿Ironía? ¡Ja!
   Volví a mis estudios cotidianos, está vez dejé la puerta abierta a esa fuerza que me aclamaba. Dejé que entrará un poco y me sorprendí, sueños, anhelos, felicidad me arraigan. Ahora lo veo claro, mi vocación nunca fue ser ing. en nanotecnología. Yo quiero ser un gran científico, inventor, físico teórico, poliglota, pintor, guitarrista, psicólogo, escritor, filósofo… un polimata.
Siento felicidad, y conlleva desgracia. Mis crisis emocionales aún no cesan, tengo trabajo que hacer. No he liberado mi potencial, y quizá nunca lo termine de hacer. El mundo es un porvenir, y está esperando observar las maravillas que crearemos.
La vida continua.


                                    “He ahí la fortaleza, no es la desgracia el fin, es qué haces con ella”

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